
“Se siente vergüenza al no saber”, relatan 3 entrerrianos que aprendieron a leer de adultos y sueñan con la universidad
SOCIEDAD10 de septiembre de 2026
Redacción Diario El Enfoque
Durante años, para Horacio viajar significaba depender de alguien más. Si necesitaba saber dónde estaba, qué colectivo tomar o hacia dónde dirigirse, tenía que preguntar porque no podía leer. Hoy la situación es distinta: aprendió a leer y escribir siendo adulto y asegura que su vida cotidiana cambió por completo.
Su historia es una de las tres experiencias compartidas por estudiantes de una Escuela de Jóvenes y Adultos de Gualeguaychú con motivo del Día Internacional de la Alfabetización, supo Diario El Enfoque. Raquel y Ester también llegaron a las aulas después de una infancia atravesada por dificultades para acceder a la educación y, muchos años más tarde, encontraron una oportunidad para empezar de nuevo.
Horacio comenzó casi por casualidad. Después de sufrir un accidente y quebrarse un brazo conoció a una docente que lo invitó a estudiar. Al principio dudó. Tenía miedo y no estaba convencido de poder hacerlo, pero las personas para las que trabajaba lo alentaron y finalmente decidió intentarlo.
Con el tiempo consiguió aquello que durante buena parte de su vida le había resultado inaccesible. “Se siente vergüenza al no saber”, reconoció al recordar lo que implicaba depender permanentemente de otras personas.
Aprender también modificó la manera en que pensó el futuro de su familia. Horacio contó que siempre quiso evitar que su hijo atravesara las mismas dificultades que él. Hoy ese joven estudia Medicina.
Las experiencias de Raquel y Ester tienen otros recorridos, pero una dificultad en común: durante años hubo cosas muy simples para otros que ellas no podían resolver solas.
Una de ellas recordó que, cuando debía completar sus datos personales, necesitaba pedirles ayuda a sus hijos. Primero aprendió a escribir su nombre y apellido. Después pudo escribir los nombres de sus hijos y, más tarde, la dirección de su casa.
Detrás de esos aprendizajes aparentemente pequeños había algo mucho mayor, el empezar a no depender de nadie para identificarse o completar un trámite.
Otra de las estudiantes llegó a la escuela siendo muy tímida y con dificultades para expresarse. El miedo inicial fue cediendo con el acompañamiento de su familia y de las docentes. Hoy es abanderada.
Volver a estudiar también permitió volver a soñar
Para ellas, regresar a un aula no significó solamente aprender a leer y escribir. También aparecieron proyectos que durante años parecían imposibles. Una de las alumnas contó que todavía conserva el sueño de estudiar Abogacía.
Las tres historias tienen recorridos distintos, pero terminan encontrándose en el mismo lugar. El miedo, la vergüenza y la dependencia con los que llegaron fueron dejando espacio a la posibilidad de hacer cosas que antes necesitaban pedirle a alguien más que hiciera por ellos.
Hoy pueden leer un cartel, escribir sus datos, desenvolverse con mayor independencia y, sobre todo, pensar que todavía quedan metas por alcanzar.
Diario El Enfoque con información de Máxima Online.


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